Laura Susana Martinelli

Esta es…Laura Susana

Esta es…
Laura Susana

A Laura Susana Martinelli le decían Laura en la escuela y Susana en todos lados. Daba Sociales, tocaba la guitarra en los actos y escribía cartas interminables a su familia mientras la clandestinidad avanzaba sobre su vida cotidiana. Tenía una hija de cinco meses cuando la FUERTAR N° 6 la secuestró en Mar del Plata.

1976Señas peligrosas

1976
Señas peligrosas

La niebla marplatense envuelve una escuela de adoquines gastados y el traqueteo del colectivo 522. Entre mate cocido y guardapolvos, la seño Laura teje una red de ternura y tizas en la periferia. Pero el invierno de 1976 impone sus botas verdes. La cotidianidad se quiebra entre jeeps, sombras y ausencias repentinas. Una atmósfera asfixiante donde el peligro acecha a plena luz y la memoria resiste, obstinada, desde el silencio.

Sólo un puente

Sólo un puente

Cuarenta y un años después, un sobre guardado por un represor devuelve los trazos de Susana a las manos de su hija. En los tribunales de Mar del Plata, Mariana expone esos dibujos como el puente de una reconstrucción detectivesca. Entre la Base Naval y los enfrentamientos fraguados, el horror del cautiverio es desafiado por la verdad. Un rompecabezas generacional que sana, obstinado, exigiendo que se rompan los secretos.

Esta es…
Laura Susana

A Laura Susana Martinelli le decían Laura en la escuela y Susana en todos lados. Daba Sociales, tocaba la guitarra en los actos y escribía cartas interminables a su familia mientras la clandestinidad avanzaba sobre su vida cotidiana. Tenía una hija de cinco meses cuando la FUERTAR N° 6 la secuestró en Mar del Plata.

1976
Señas peligrosas

La niebla marplatense envuelve una escuela de adoquines gastados y el traqueteo del colectivo 522. Entre mate cocido y guardapolvos, la seño Laura teje una red de ternura y tizas en la periferia. Pero el invierno de 1976 impone sus botas verdes. La cotidianidad se quiebra entre jeeps, sombras y ausencias repentinas. Una atmósfera asfixiante donde el peligro acecha a plena luz y la memoria resiste, obstinada, desde el silencio.

Sólo un puente

Cuarenta y un años después, un sobre guardado por un represor devuelve los trazos de Susana a las manos de su hija. En los tribunales de Mar del Plata, Mariana expone esos dibujos como el puente de una reconstrucción detectivesca. Entre la Base Naval y los enfrentamientos fraguados, el horror del cautiverio es desafiado por la verdad. Un rompecabezas generacional que sana, obstinado, exigiendo que se rompan los secretos.