En los años setenta, cuando la clandestinidad se convirtió en una condición cada vez más extendida para la militancia política, la palabra impresa adquirió un valor estratégico. Revistas, boletines, comunicados y materiales de difusión permitían transmitir directivas, compartir análisis políticos y sostener vínculos entre estructuras dispersas, perseguidas y desaparecidas por la feroz represión de la dictadura.
Detrás de cada volante, oblea o revista impresa existía una red de militantes que sostuvieron las imprentas como lugar central dentro de la estrategia de proyecto político, ideológico y cultural de Montoneros.
PUERTAS PARA ADENTRO
Muchas de las actividades se desarrollaban en viviendas particulares que, vistas desde la calle, no se diferenciaban del resto de las casas del barrio. Sobre mesas de trabajo improvisadas o en la mesada de la cocina, se preparaban originales, se almacenaban insumos y se organizaban recorridos de distribución. El papel, las tintas, las publicaciones terminadas y los equipos de reproducción debían ingresar y salir sin despertar sospechas.
La impresión era sólo una parte del proceso. La distribución requería circuitos compartimentados que evitaban concentrar personas, materiales e información sensible en un mismo lugar. Desde la producción hasta la entrega de los ejemplares, cada etapa dependía de mecanismos de coordinación pensados para reducir riesgos y preservar el funcionamiento de la red.
En julio–agosto de 1976, cuando las fuerzas represivas concentraron su accionar ilegal sobre la estructura de Prensa y Propaganda de Montoneros en Mar del Plata, comenzaron por allanar las casas operativas de calle Berutti 4376 y Chaco 1832, donde secuestraron insumos para impresión, elementos fotosensibles utilizados en procesos de reproducción gráfica y documentación técnica destinada a multiplicar materiales de propaganda.
LO QUE SOBREVIVIÓ AL SILENCIO
La reconstrucción judicial y los testimonios de los sobrevivientes permitió conocer que junto con los materiales para la imprenta, las fuerzas represivas persiguieron y secuestraron ilegalmente a proveedores de insumos para impresión y militantes encargados de confeccionar obleas y materiales técnicos vinculados al sistema de reproducción conocido como Planograff, una técnica utilizada para multiplicar materiales impresos en condiciones de clandestinidad. La existencia de manuales destinados a transmitir estos conocimientos da cuenta del grado de especialización que alcanzaron las estructuras de Prensa y Propaganda en esta ciudad.
La importancia de quienes participaban de la estructura de Prensa y Propaganda quedó especialmente expuesta cuando la represión decidió convertirlas en un objetivo prioritario y revela hasta qué punto la palabra escrita constituía una herramienta política de primer orden.
Cada volante, revista u oblea que logró circular en la ciudad fue el resultado de una cadena de tareas silenciosas y de personas que tuvieron la audacia de asumir el desafío de imprimir, transportar y distribuir materiales en condiciones de extrema persecución.
Muchos de ellos fueron secuestrados, asesinados o permanecen desaparecidos.
Reconocer hoy esas huellas permite comprender que detrás de cada impreso hubo historias, decisiones y compromisos que la represión intentó borrar y que la memoria continúa recuperando ■



